Comedias románticas, dramas románticos. Americanos. No, estadounidenses. Basta de identificar América con Estados Unidos. Todas esas películas que acaban bien, películas de Disney para adultos, para jóvenes y para adolescentes. Estas que alimentan falsas esperanzas en los jóvenes y que mantienen convencidos a los adultos de que todo en la vida es así, de que todo en USA es así. Estas que construyen mundos de fantasía disfrazada en los proyectos de los adolescentes.
Amores y desamores, engaños e infidelidades, reconciliación y final feliz. Todas tienen los mismos elementos combinados de formas distintas. Llegará el momento en que todas las combinaciones posibles se hayan llevado al cine. Entonces se dedicarán a repetir y a hacer remakes.
Por todas esas películas que acaban con un beso. Por todas las que acaban con el comienzo de una relación. Por todas las que acaban con una pareja comiendo perdices mientras sube el volumen de la banda sonora. Todas esas que solo cuentan mentirijillas. Por todas ellas, escribo esta entrada.
¿Cuántas miles de veces habré dicho en mi adolescencia que mi género favorito era la comedia romántica? ¿Cuántas veces he rechazado en mi adolescencia una película por saber que no tiene un final feliz? Pero hace un par de años todas esas nubes se fueron apartando y descubrí la belleza arrebatadora con la que te mira la realidad. Una belleza a la que no es fácil mantenerle la mirada. En palabras de Shizuku: "¿Por qué tenemos que cambiar? Yo siempre había sido obediente y muy simpática. Cuando leo un libro ya no siento la misma emoción que antes. Es... como si una voz dentro de mí me susurrara que las cosas no suelen salir tan bien... y no me gusta nada" (Susurros del Corazón, de Yoshifumi Kondo). Cámbiese libro por película (Cuando veo una película ya no siento...).
Hoy he visto una de esas películas. Cuando ha terminado, la persona que la ha visto conmigo ha sentenciado: "No me gusta el final. Es que no es realista". Yo, que estaba muy afectada emocionalmente por el final, he visto mi tristeza acentuada ante esas palabras. Ah, ¿no? ¿No es realista? Vaya, parece que en el fondo de mi corazón seguía albergando la esperanza de que en la vida las cosas pudieran desarrollarse así. Y he sentido una doble carga ahondar en mi corazón: el redescubrimiento de que la realidad es otra y el descubrimiento de que yo en el fondo seguía pensando dentro de la burbuja rosa.
No es la primera vez que descubro que lo que siento es opuesto a lo que razono y a lo que expreso públicamente. Y ahí venían todas las dudas y... el miedo. ¿Qué sientes? ¿Que adolece tu corazón realmente? ¿No te preocupas por algo en verdad pasajero? Piénsalo, quizás no sea más que otra pincelada borrosa en tu cuadro en la que pronto pintarás encima. Pero quizás sea el comienzo de algo duradero e indeleble. He sentido tanto miedo. He pensado hacer caso de un impulso, pero no soy tan emocional y he decido hacer algo que me tranquilice, como escribir.
Ya me siento mejor, y parece que esa "energía negativa" de la que algunos hablan se la he transmitido a las nubes que justito ahora chocan y descargan rayos y truenos.

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