Blow a kiss, fire a gun
We need someone to lean on
(Lean on, de Major Lazer y Dj Snake ft. MØ)
Giraba
el vaso de agua, derramando algunas gotas que resbalaban por sus dedos y observaba
como él terminaba de recoger la cena. El camino mojado que dejaba el agua en su
mano le hizo recordar cuánto había llorado esa mañana. El alivio se mezcló con
la preocupación en una cálida sensación en su pecho. Dudaba incansablemente de
su recién descubierta capacidad para amarle.
- Ya
he terminado. ¿Quieres que nos sentemos un rato fuera?
Natsuki
le dedicó una de sus sonrisas poco convincentes.
-
Bueno, aún tengo algo de tiempo.
Él,
soltando la bayeta, se acercó después de sonreír y la besó en la mejilla.
Ella puso su mano sobre la suya y él se sorprendió del tacto húmedo que sintió
en la piel. Natsuki se disculpó y se secó frotándose con el pantalón. Mientras
salían juntos hacia el patio, iba notando cómo la tristeza se agolpaba en su
pecho disipando el calor del alivio y la templanza. Quedaban pocos minutos para
que fuese la hora de volver a casa. Sin él. Por alguna razón, aquello se le
hacía insoportable. Entonces, sintió miedo.
-
Oye, he pensado que mejor me voy a casa ya, no quiero que se me haga más tarde.
- No
es tan tarde. Podrías quedarte a dormir, ¿te apetece?
La
angustia y la indecisión llamaban a gritos al control dentro de su cabeza,
aquella situación precisaba de una medida contundente... La batalla que se
estaba librando en su interior la irritó hasta hacerle perder el miedo a
separarse de él.
-
No, me voy ya.
- No
lo entiendo.
-
Ya, bueno, qué más da.
Bajó
las escaleras con paso firme sacando las llaves del coche de su bolso con
brusquedad. La expresión de su rostro ya no transmitía nada. Él la acompañó al
coche y en silencio intentó abrazarla. Natsuki le apartó robóticamente, debía
eliminar cualquier cosa que dificultara la despedida. Se montó en el coche sin
ver el gesto de desconcierto y frustración de él.
-
Hasta mañana.
Solo
le miró entrar a casa cuando ya hubo cerrado la puerta del vehículo. Un grito
desesperado se ahogó en su garganta sin llegar a ver la luz de la realidad. Él
había cerrado la puerta de su casa tras de sí. Arrancó el coche llena de
decepción y enfado y encendió la radio con la esperanza de que la música la
preparase emocionalmente para llamarle y disculparse al llegar a casa. Sin
embargo, no estaba funcionando, pues había comenzado el segundo asalto entre
sus deseos de amar y ser amada y sus estructuras de evitación del dolor.
-
Mierda.
Sin
querer había pulsado el botón para apagar la radio y el silencio invadió el
habitáculo del coche. Ahora podía sentir de cerca los estragos que la batalla
estaba causando destruyendo toda posibilidad de sentirse en paz aquella noche.
Una
vez hubo aparcado, sacó de su bolsillo torpemente su móvil y abrió la
conversación de chat que tenía con él. Estaba segura de que él estaría
esperándola para hablar de lo que había ocurrido en la despedida. Leyó con
avidez su mensaje de buenas noches y la angustia por descubrir que no podría
hablar con él hasta el día siguiente la hizo llorar hasta que se fue a la cama.
Desafortunadamente, aquella despedida llena de ruptura con ella misma y con su
pareja, no había servido para evitarle la ansiedad por la separación. Ella
había creído que su actuación seca y distante la salvaría de sus dificultades,
pero la evitación y la frialdad no son los cimientos de la unión y la madurez,
sino de la soledad y el inmovilismo.
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| Ilustración por Adara Sánchez Anguiano |
Primera parte aquí

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