¿Sabes? Ya he olvidado cómo es pasármelo bien contigo.
Esto es el otoño real, no el del mundo sensible. Las personas en este parque van y vienen, pero las hojas caen y permanecen en el suelo, y los niños escalan la escultura de Heinrich Heine. Son niños sin miedo y un cuidador despreocupado.
Recuerdo lo que es subirse a una higuera. Una vez en la copa ya no deseaba bajar nunca más, tan solo pasar de rama a rama y sentir que había conseguido algo por mí misma. Todo un proceso generado y concluido exclusivamente en mí misma. Desde la idea, la motivación, la decisión, pasando por la escalada, la llegada, el disfrute, hasta el cansancio y la bajada: todo surgía y ocurría dentro de mí. Quizás fue una de las primeras cosas de mi vida en la que fui autónoma.
Pues igual que Berlín. La idea, la motivación y la decisión fueron mías. Lo estoy llevando a cabo sola. Y ahora no me quiero bajar del árbol. Aún así las hojas caen.
Como un gato, de pronto no sé qué hago aquí subida y quiero bajar. El suelo parece tan firme y seguro... Además sobre él tendría más movilidad que entre las ramas del árbol.
Pues sí, recuerdo muy bien las higueras de los jardines de la Buhaira en marzo, sin embargo, he olvidado cómo era pasármelo bien contigo.
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