miércoles, 23 de octubre de 2013

La tiranía del desorden

Ahora creo firmemente que se puede ser dictador y súbdito al mismo tiempo.

Me siento una tirana que delira con manejar sus propios deseos y los tuyos. Sin embargo, de forma simultánea, es como si otra cosa tuviera en sus manos los hilos de lo que hacemos y pensamos. De pronto descubro que soy esclava, que no tengo el poder. Soy igual que tú: una marioneta más.

No obstante, el delirio persiste y me resisto a aceptar que no puedo controlarlo todo. Y aunque tú te reafirmes en tu libertad mientras te castigo, para mí no hay libertad que valga, pues la mía no existe.

Me haces muchas preguntas, rectas y curvas. Pero mi respuesta solo viene cuando éstas se cortan con mi eje de coordenadas. Todas las demás se pierden en el infinito de los cuadrantes. Es que no hay sitio para la sinceridad bajo este régimen.

Por más que me rebelo contra ese poder superior al mío, no veo quién lo ostenta. Por encima de mí no hay más que caos. Un caos que no es monstruoso y que no da miedo, por eso incrementa mi rabia al no poder derrocarlo. Es una dictadura irracional. El desorden es la norma, el poder legislativo. La inestabilidad y la voracidad son el ejecutivo y quien me juzga eres tú.

You thought you'd set the bar
I've never tried to work it out
We just lit the fire
and now you wanna put it out.
Together once again
Disasters in the end
It's like a default.
(Default, de Django Django)

Sí, de mi casa a mi universidad hay un disco de los Djangos, pero de tu casa a la mía hay tres bandas sonoras y un par de singles indies.


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