¿Princesa? Espero no dar la impresión de querer que me rescaten. No es mi deseo consciente. Ser un ser humano comprendido sí lo es. Exactamente igual que el resto de personas.
Mis principios los he elegido yo tras comprobar que me aportan más felicidad que otras actitudes, en términos de paz conmigo misma y con los demás. Al menos no exijo que todo el mundo tenga los mismos. Quiero las cosas sencillas, simples, transparentes, ya lo dije en otra entrada. Quiero luz, porque probé su ausencia y no me aportó nada.
No hay que confundir los términos: que algo me inspire no significa que lo ame. Y aunque parezca que lo estoy dejando, nunca pararé de escribir sobre lo que ame y sobre lo que me inspire. Al margen de las críticas.
A veces se me enturbia la visión pensando en un "y si" magnífico pero irreal. Irreal e imposible. Y por eso dejo a mi imaginación que vuele, porque solo somos posibles en esos ratos que me dejo perderme en deseos que nunca diré en voz alta.
No me gusta que la gente sufra por comodidad propia, ni que se autoesclavice. Que se aten las muñecas con gruesas cuerdas y que luego jueguen a que no se las pueden quitar. La vida es más sencilla que todo eso. Solo a quienes se deshacen de todo ello los miro sin gafas de sol.
Sin promesas ni explicaciones.
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