martes, 8 de marzo de 2011

耳をすませば Escuchando con atención

12 de enero de 2011

Acabo de tener una experiencia única, lo cual no quiere decir que sea la última. Es algo de lo que he oído hablar muchas veces, lo he visto en algunas películas y lo he leído descrito en algunos libros. Pero nunca pensé que yo fuera capaz de sentirlo y menos aún siendo tan joven.
Estoy temblando y llorando. Creo que por primera vez lo he conseguido: estoy llorando de felicidad. ¡Cuántas veces me he imaginado haciéndolo! Y, curiosamente, en mi imaginación siempre lo he asociado a ser correspondida en el amor. Hace relativamente poco, me enamoré y fui correspondida y me sentí muy feliz, mucho, pero en contra de todo pronóstico mío, no lloré de felicidad en ningún momento. De esto deduje que  yo no era tan sensible, yo no tenía esa capacidad. Una capacidad que siempre ha sido objeto de mi admiración. Lo que jamás podría imaginarme es que me ocurriría y además por el motivo por el que me está ocurriendo. No puedo describir con un sintagma nominal qué es lo que me ha desbordado de este éxtasis eufórico y feliz.
He intentado mil y una veces escribir qué es lo que me ha pasado pero es imposible describirlo y, por tanto, inútil seguir intentándolo. No puedo explicar por qué esa película es una pieza que encaja suave pero firmemente arista con arista en mi corazón, en mi forma de ser y en mi vida. En realidad, si se me conoce lo suficientemente bien, con dar un par de detalles sobre el hecho en cuestión bastaría para entender por qué una mera película de animación japonesa ha provocado estas emociones en mí. He estado pensando que es una lástima haberla visto con 18 años, debería haberla visto antes, así podría haber tomado ciertas decisiones con más antelación.
¡Qué lejos quedan ahora todas mis preocupaciones!



1 comentario:

  1. ¡Enhorabuena! Yo nunca he llorado de felicidad, así que no puedo imaginarme bien cómo te has sentido. Pero sí he tenido una "experiencia única" que no voy a olvidar nunca que removió cada pedazo de mi ser. Por eso te doy mi más sincera enhorabuena.

    Solo quiero hacer una pequeña puntualización: no creo que debas lamentarte por haber visto esa película que dices con 18 años. Antes no te hubiera causado las mismas emociones. Porque la película sería la misma, pero tú no. Son muchas las circunstancias que se han dado para que tú tengas este pequeño, y a la vez gran, momento. Personalmente, no creo que las cosas sucedan antes de lo que deberían ni tampoco después.

    Las cosas suceden cuando tienen que suceder. Porque si sucedieran en otro momento, serían otras cosas

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