lunes, 2 de diciembre de 2013

Té y paciencia

«La vida es un camino de la dependencia total a la independencia total. 
Y para lograrlo, es fundamental el papel que desempeñan papá y mamá».
Joseph Knobel


Lo que hay dentro


Ideas más o menos (ir)racionales, somatizaciones de muchas clases, pesimismo, ansiedad, apatía, ecos del pasado. Todo girando y desordenando, como un tornado, mi interior. No sé decir si entonces los días se me pasan más rápida o más lentamente, pero rara vez mi atención está puesta en disfrutar y aceptar el momento presente.

La censura. ¿Por qué te agobias? No deberías. ¿Esto es lo que eres? Qué vergüenza. ¿Así te sientes? Qué poco independiente. La censura y el castigo no me dejan respirar el poco aire que hay a mi alrededor. Parece que no hay esperanza, que la única solución es dejarse invadir por expectativas negativas y desear que nada haya pasado y que el tiempo corra para llegar cuanto antes al futuro, en donde tengo la absurda ilusión de que ya no sufriré.

Lo que hay fuera

Personas. Personas que escuchan, aconsejan. explican, entienden, aceptan. Ellas ven desde el exterior y me hablan, me contestan, me dicen, están. Son personas que tienen paciencia y que no ven aceleración en las cosas. Le buscan a cada una su sitio y las gestionan. Nada dura para siempre, todo se pasa y todo llega. 

La interiorización

El té que me recetó la doctora aún está muy caliente. El trocito de bizcocho es suave y dulce. Ya ha caído la noche, pero todo está limpio y ordenado. Lo que hay dentro sigue removiéndome, pero huelo el té y me gusta, todavía le falta un poco para terminar de disolverse. Y entonces es cuando llega la paciencia de la mano de algunos recuerdos de conversaciones o gestos del pasado. Poco a poco lo que hay fuera va estando dentro, paulatinamente se va integrando en mi interior. Y al menos ya puedo dormir, puedo sentir dolor sin alarmarme. Ya puedo volver a respirar.

Lost in Translation


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