Objeto de estudio: los valores.
Contexto: mi vida.
Población: yo y los jóvenes.
Sesgo: Sí, mucho.
¿Han cambiado realmente los valores? ¿Ha habido una verdadera transmutación de los mismos? Los valores por los que la Mayoría aboga ¿cuáles son? La libertad, el amor. La libertad es entendida como el "respeta lo que quiero hacer y déjame hacerlo" y el amor como un "quiéreme, porque me siento solo/a". Cuando algo va en contra de estos dos valores, se apela a un nuevo valor: la justicia. Esta se entiende como el "es injusto que no me dejes hacer lo que quiero" o "no me quiere, es injusto". La misma Mayoría que aboga por esta libertad lo hace también, consiguientemente, por la pluralidad, la libertad de opinión y de expresión de la misma. Sin embargo, podemos encontrar un primer atisbo de incongruencia en esto último con respecto a las siguientes ideas:
Lucho por esa pluralidad pero es injusto que no pienses como yo; libertad para los homosexuales, pero no se te ocurra opinar algo que nos moleste; libertad religiosa pero, lo siento, si crees es porque "el negocio mejor montado de la historia" te ha lavado el cerebro; liberación de la mujer, pero ¿qué supone realmente esa liberación? Recurrir a la promiscuidad para sentirse valorada, pero el daño emocional que ello provoca es culpa de los hombres, que son injustos; libertad para consumir drogas o, lo que es lo mismo, libertad para perderla.
Tú y yo tenemos los mismos valores: la libertad, el amor y la justicia. En cambio, entenderlos de formas tan distintas y distantes marca la diferencia abismal entre nuestras formas de pensar.
Una vez me dijeron: "Bueno, y si realmente respetas a los homosexuales, ¿por qué quieres votar a un partido político en cuyo programa figura la no aceptación del matrimonio homosexual?". Yo lo primero que pensé fue replicar: "Bueno, y si realmente tú respetas que la gente tenga creencias y consecuentemente opiniones que censuran leyes como la del aborto, ¿por qué quieres votar a un partido en cuyo programa figura la no aceptación de dichos valores?". Absurdo, ¿no? Diciendo eso hubiera pretendido demostrar que su razonamiento era falaz. En lugar de eso, intenté hacerles ver la diferencia entre respetar y apoyar. Si respetar supusiera el apoyo de la opinión del otro, todos los que nos respetamos tendríamos una misma opinión y el término respeto perdería su sentido.
Me resulta difícil vivir en esta sociedad juvenil que ni sabe lo que quiere ni sabe para qué lo quiere. Yo sé bien lo que quiero y para qué lo quiero. ¿Me han lavado el cerebro? Quién sabe. El caso es que, con cerebro lavado o no, me siento muchísimo más en claro con mi vida (y con la vida) que otras personas que son "libres". Como ya sugerí en otra ocasión, ¿aplicamos el criticismo?




La juventud da mucha pena, sí. Y lo más triste es que cuanto más hablas con algunos, más miedo te da a esperar 10 años a ver qué hacen los "adultos" de mañana, que encima unos pocos de ellos educarán a mis hijos...
ResponderEliminarEn mi entrada no he dicho que la juventud dé mucha ni poca pena. El tema que trato es otro. Hago referencia a la juventud porque es el grupo social en el que me muevo, pero lo que escribo también podría aplicarse a muchísimos adultos. Los jóvenes y los adolescentes solo reflejan el mundo adulto, del cual aprenden la mayoría de sus comportamientos.
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