Cuando de pronto oí unas alas batir,
como si un peso comenzara a ceder,
se va, se va, se fue.
se va, se va, se fue.
Necesito respuestas. Así acababa una reflexión que escribí hace unos días. Resulta que buscamos donde no está, resulta que pedimos lo que no es, que no anhelamos lo que nos hace felices, sino otra cosa. Enterramos recuerdos creyendo que así nos libraremos de su peso, pero solo una verdadera reconciliación con ellos nos lleva a ser libres.
Confundimos el origen de nuestras emociones, atribuimos nuestro bienestar a algo que sólo complementa nuestra alegría. No sabemos diferenciar la felicidad de la euforia, ni la tristeza del hastío.
Tal vez fue algo de la puesta de Sol,
o un efecto secundario del té,
pero lo cierto es que la pena voló,
y no importó ya ni siquiera por qué,
se va, se va, se fue.
Confundimos el origen de nuestras emociones, atribuimos nuestro bienestar a algo que sólo complementa nuestra alegría. No sabemos diferenciar la felicidad de la euforia, ni la tristeza del hastío.
Algunas veces mejor no preguntar,
para una vez que todo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también,
se va, se va, se fue.
Pensamos demasiado con la esperanza de encontrar respuestas a todo lo que nos ocurre. Cuando estamos tristes o cansados se nos olvida que todo estado es pasajero, que igual que la lluvia siempre termina y que las nubes tapan el Sol, la alegría puede llegar en cualquier momento, solo hay que estar atentos para abrirle la puerta cuando llame.
Conversión, perdón y Espíritu
hacen posible la Comunión.

Solo decir que pasé por aquí,
ResponderEliminary quedé complacido con lo que ví.
Alex.