"And pulse to pulse, now shush".
Dissolve Me, de Alt-J.
"La mujer siempre quiere otra cosa".
Mujeres Malqueridas, de Mariela Michelena.
Entonces camino por el mástil y voy saltando de traste en traste hasta llegar al clavijero y allí me detengo. La perspectiva desde la cejilla me gusta, porque el clavijero me recuerda a las vías de un tren, aunque no puedo explicarme por qué. Me subo a una cuerda de nylon, a Sol concretamente, y me deslizo, pero no escucho nada. Hago una pausa encima de la boca y miro dentro. Huele a madera y a polvo. Quiero escuchar algo, una sola nota me basta. Salto de Sol a Re, pulsando la primera con mis pies, ¿por qué no suena nada? Ni siquiera un ruido sordo. Me asomo otra vez a la redondez oscura, pero solo emana un silencio crecientemente inquietante. Decido ir haciendo equilibrismo hasta la selleta, donde las cuerdas están más tensas, pero ya he perdido la esperanza de que emitan algún sonido al pulsarlas. Estoy en pie sobre la caja y me tumbo boca abajo. Nada satisface mi deseo de intimidad, no hay sonidos, ¿pero por qué? Me doy la vuelta y me pongo boca arriba y miro al... Empiezo a olvidar la música, ¿cómo era? ¿A qué se parecía? Solo yazco sobre la tapa de la guitarra, deseando diez mil cosas, deseando ninguna, teniendo todo a mi alcance, más cerca que nunca. Pero no consigo que se produzca sonido alguno. Y me gustaría escuchar dos o tres melodías, o quizás solo el acompañamiento de una canción. O quizás no quiera escuchar nada, y tal vez por eso no soy capaz de romper el silencio. No estoy segura.

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