lunes, 10 de diciembre de 2012

Arréglate

"You're taking all you thought was wrong,
you used to follow lyrics of your favorite song".
 (Storm, de Django Django)


Hace un mes más o menos tuve que hacer para clase de alemán una redacción sobre cómo vestía cuando era más pequeña y cómo visto ahora, sobre quiénes son y eran mis Stil-Ikonen (iconos de moda) y sobre mi opinión acerca de si la ropa hace a la gente (Kleidung machen Leute). Al principio me costó recordar quiénes eran mis Stil-Ikonen hace años, pero con un poco de ayuda recordé a Briana Evigan (Step Up 2: the Streets) y a Avril Lavigne. Sin embargo, la vida está llena de cambios, es un devenir continuo, como apuntó el filósofo. Y hasta mis Stil-Ikonen de la adolescencia empezaron a cambiar su forma de vestir conforme se hacían adultas... Aquí dos fotos de Avril Lavigne "antes y después":



Ahora mis Stil-Ikonen son otras: Zooey Deschanel, Emma Watson, las Pattie Boyd y Audrey Hepburn de los 60, e incluso el lado más natural de Taylor Swift... Ojo, no os confundáis, cuando digo que son mis Stil-Ikonen me refiero a que me gusta su forma de vestir y que a veces inspiro la mía en cosas concretas que les he visto a ellas alguna vez. Más que nada me inspira su actitud, la forma que tienen de combinar sus gustos personales con lo que se lleva, lo innovadoras que sean, si son sencillas (todo lo sencilla que puede ser una mujer que de vez en cuando va a galas o se pasea por la alfombra roja), si no dependen de su público para cambiar su estilo... No estoy queriendo decir que sea infeliz a menos que lleve la misma ropa que ellas o a que si las viese por la calle les pediría un autógrafo al tiempo que chillo "soy vuestra mayor fan". Creo que todos tenemos Stil-Ikonen y que no es malo reconocerlo. Para muchos y muchas los referentes en forma de vestir forman parte del grupo de iguales, amigos, compañeros de trabajo o incluso algún familiar. ¿Estoy yo más alienada por el hecho de que me inspiren las celebrities? Puede ser, pero yo sé que visto a mi manera y con plena libertad, así me siento a gusto.


Qué placentero es madurar. Una de las cosas que más me animan a seguir adelante es darme cuenta de que sigo cambiando, redescubrir que aún sigo siendo "alguien en potencia" en lugar de "alguien" a secas. Me gusta cambiar, porque es una de mis metas. Evolucionar, continuar con mi desarrollo personal, me hace muy feliz. 

Recuerdo que en una de mis primeras entradas en este blog hablaba del fin de la infancia y en qué cosas se notaba que ya no era una niña. Una de las que mencionaba era la ropa. La ropa y la imagen, sí señor, indicadores de cambios. No creo que esta sea una entrada equivalente a aquella, porque creo que el paso de la adolescencia a la adultez es mucho más gradual que el de la infancia a la adolescencia. Pero últimamente me siento diferente y, gracias a Dios, no creo que sea la última vez que me vaya a sentir así. De un tiempo para acá le he empezado a coger el gusto a arreglarme y a vestir más típicamente "femenina" que cuando estaba en el instituto. Creo que en parte esto puede deberse a que he "arreglado" ciertas cosas dentro de mí, cosas que no viene al caso describir en un blog como este. Quizás simplemente he evolucionado en ciertos aspectos o ya no siento la necesidad de dar una imagen concreta a los demás diferenciándome de las mujeres adultas que se ponen vestidos, medias y zapatos de vestir. Elijo cuidar más lo que llevo porque es eso lo que sintoniza con cómo me siento interiormente. Pueden ser muchas cosas, pero lo importante es que lo estoy viviendo como una evolución y no como un estancamiento o un cambio a peor. Es un cambio que yo he escogido, eso es señal de que voy bien.

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