sábado, 5 de noviembre de 2011

Testimonios de un día de lluvia

A Basho y compañía,
creadores de los primeros haiku.



En días de lluvia y mal tiempo es cuando se ve qué partes de la ciudad tienen defectos o están más descuidadas: edificios con goteras, antenas mal puestas, inundación de las aceras y las calzadas, el moho se remarca, se nos hace más duro seguir con la rutina... Salen a la luz determinadas cosas que en los días soleados y de buen tiempo pasan desapercibidas. Ayer fue uno de los primeros días de lluvia y frío de este curso y estuvo en boca de todos el cambio brusco de temperatura y tiempo. Hablando con unos y con otros por la mañana, por la tarde y por la noche conseguí recopilar una serie de pequeños relatos relacionados con este obvio pero curioso fenómeno.



 La antena caída

"Manuel no me había dicho nada a mí, pero al parecer todos los demás lo sabían. Su padre ha fallecido y no me lo dijo, ¿cómo iba a saber yo que su estado de ánimo se debía a eso? Tú sabes cómo es él, que hay días que se levanta con ese aire taciturno y en realidad no es por ningún hecho concreto, sino más bien sus reflexiones existencialistas. Yo pensé que su mal humor de hoy era debido a eso. Así que cuando hablamos de lo del viaje y yo vi que no estaba por la labor-después de haber dicho que hoy era el último día para decidir el hotel, el avión y las visitas-me enfadé con él bastante. Él no decía nada, ni si quiera me miraba. ¡Yo qué iba a saber! Luego por la tarde, me llamó Andrea y me lo tuvo que contar ella, ¿te lo puedes creer? No sé, ya me pasó lo mismo cuando lo despidieron y no me lo contó, pero esto ya es demasiado, ¿no crees? Hace tiempo que la comunicación entre nosotros está más bien deteriorada, pero nunca pienso en ello, prefiero mirar hacia adelante. Es solo que en momentos difíciles como este me gustaría que se pudiera apoyar en mí, que puediéramos hablar, para entendernos mejor. Si no es así, ¿alguien quiere explicarme qué diferencia hay entre estar con él y no estarlo?"


 Goteras: las planchas del tejado mal puestas

"Sí, ya estoy mejor. Pero es que no sé por qué mi madre se ha puesto así. Dice mi padre que es porque le ha recordado la vez que les mentí sobre lo de irme a casa de Julia. Pero eso fue hace un año, ¡he cambiado! Ya no soy un niño chico, ¿vale? Lo que les tenga que decir se lo diré, pueden confiar en mí. El año pasado no les dije la verdad, porque sabía que su respuesta iba a ser no. Además, eso ya debería ser agua pasada, hace mucho tiempo que soy sincero cuando les cuento mis planes, deberían saberlo. ¡Joder! ¿De verdad que mi madre se ha enfadado por eso? ¡Pero si lo de hoy no ha tenido nada que ver! Es cierto que les he dicho que iba a estudiar a la biblioteca y que luego vendría a casa y al final, en vez de venir he ido a cenar con esta gente. Le he mandado un sms a mi padre, ¿sabes?, pero como tiene el móvil vete a saber dónde... no lo ha leído y mi madre se habrá puesto paranoica. No, lo de aquella vez que les mentí no lo solucionamos, la verdad. Mis padres se cabrearon conmigo un montón y simplemente con el tiempo se nos pasó a todos. Y ahora cada vez que pase una cosa así se van a acordar de eso."


 Lagunas y charcos

"Es verdad que yo nunca le había contado que soy atea y, en ese sentido, nunca hemos hablado de esos temas, ni de las religiones, ni de la Iglesia, ni nada. Pero es que para mí eso es súper importante. ¡Si yo estoy todo el puto día criticando a todo bicho creyente! Es que me pone enferma, ¿eh? Y encima ha ido a lo del Papa... ¿Pero cómo se puede ser tan gilipollas? En serio... qué mal. Hemos pillado un  cabreo las dos... Y me da mucha pena, porque nos llevamos muy muy bien, había encontrado en ella una amiga que me apoyaba muchísimo y que tenía mi misma forma de divertirse, yo que sé... y ahora esto. ¿Cuántas cosas más no sé de ella todavía que para mí son decisivas en una amistad? Y no me digas que a pesar de esto podríamos ser amigas, somos muy diferentes, y vale, puedo estar siendo muy intolerante y todo lo que tú quieras, pero yo no pienso dar mi brazo a torcer. Vamos, ¡y ella tampoco! Me lo ha dicho antes. No sé, yo a nuestra amistad empiezo a verle muchas lagunas, no creo que nada pueda volver a ser como antes."


 El moho crecido

"Siempre se le olvidan los informes de los lunes, ¡siempre! En serio, debería mirárselo. ¡No exagero! Es que no podemos avanzar en la investigación si no trae los informes de los lunes. Mira, llegué a decirle que solo hacía falta que se acordara de traerlos una vez al mes, pensando que al menos una vez se acordaría. Además, en los criterios que te dije de la asociación que nos financia todo esto, decía que el mínimo era un informe al mes. A mí me gustaba mandarlos todas las semanas, pero bueno, me adapté a eso. Pero de unos meses para acá, con todo lo de la crisis, la asociación se ha puesto más exigente. Yo intenté llamarle la atención, pero él seguía olvidándose. El mes pasado, me llamaron diciendo que la continuidad de la subvención iba a depender del informe de este mes de noviembre, que intentáramos esforzarnos. Sí, es que están haciendo recortes y han hecho un proceso de selección de proyectos. Se van a basar en los informes que le manden los distintos investigadores a principios de este mes. Bueno, pues a Pedro, que es el encargado de los informes, desgraciadamente para todos, se le ha olvidado enviarlo. Esta vez, al menos lo había hecho. No, no podemos mandarlo hoy, el plazo acababa ayer. Se acabó la subvención. ¡Si es que no se puede ser tan olvidadizo!"


 La rutina bajo la lluvia

"Me han despertado las luces encendidas y los sonidos que llegaban de la cocina. Miro el despertador y eran las 7:10. He pensado en que me tenía que duchar, ordenar las cosas y luego tirar para la facultad, con el frío, la lluvia... Siempre se me hace pesadísimo ir los viernes a clase a las dos primeras horas, porque estoy reventada de toda la semana, etc, etc. Es que lo de ir a clase es tan rutinario... me levanto, desayuno, me visto, salgo a la calle, siempre recorro las mismas calles escasamente transitadas. Luego llego a la avenida y ahora venga, ponte a cruzar, espera los semáforos. Después llego a clase, saludo, miro el reloj y me siento. Enciendo el móvil y nunca tengo nada. Empiezan las clases y yo muerta de sueño y con la cabeza llena de pensamientos que poco tienen que ver con la asignatura que esté dando. Pues mira, hoy con la lluvia y el especial cansancio que tenía, he pasado de ir a esas dos primeras horas. Y sí, ahora me siento un poco mal, pero no me arrepiento de haberme saltado la rutina bajo la lluvia."


Estas son las experiencias que he podido recoger. Ya ha salido un poco el Sol, como siempre después de la tormenta. Sigue haciendo frío, pero el Sol no deja de calentar cuando te da de lleno. Los charcos se evaporan, las goteras se secan, el moho vuelve a camuflarse un poco y la rutina se hace más llevadera. Creo que no se deben tomar grandes decisiones sobre las relaciones humanas en días de lluvia. La próxima vez que esté caminando entre la ciudad descuidada recordaré que bajo nuestro Sol andaluz sigue siendo mi lugar favorito en el mundo.




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3 comentarios:

  1. Muy bueno Laura, realmente escribes tela de bien en mi opinión (Pablo de tu clase).Y lo de las clases hay que hacer algo pa ke se haga mas ameno xD. Otra cosa te escribo desde el blog de mi tio abuelo ke se lo llevo yo porke el es ciego.

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  2. Wow. ¿Por qué no hay botón de "Me gusta"?
    Limito mi comentario a eso, porque se me están ocurriendo mil metáforas de lluvia y botas de agua y lagunas y me haría un lío explicándome :P

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