lunes, 24 de enero de 2011

Protagonista heroica y humana

Hace poco redescubrí cuántas cosas tengo en común con ideas y valores expresados en ciertas películas de animación. Es realmente curioso cómo he pasado por tantas etapas (y las que me quedan, espero) hasta ahora mis 18 años y así, sin querer, mis momentos han coincidido tanto con los de las grandes heroínas de Miyazaki, para lo bueno y para lo malo. No estoy segura de que sean coincidencias reales, en el sentido de objetivas, pero de algún modo me siento identificada con ellas por muy diversos motivos.

He sido una Satsuki de 9 años, responsable en los estudios e impaciente con su hermana pequeña, que reía con su padre y empatizaba con su madre.


He sido una Chihiro un poco consentida y mimada, exigente con lo que los demás me daban o dejaban de darme, y que, con un viaje (o dos) ha descubierto la importancia del servicio.


He sido (y soy) una Shizuku que se quiere encontrar, que quiere saber qué va a llegar a ser y qué caminos tomar y a la que, además, le gusta mucho escribir (y los gatos).


He sido (y soy) una Mononoke que lucha fervientemente por sus valores y que protege aquello que considera importante para la vida, aunque a veces pierda los estribos recurriendo incluso a actitudes un poco agresivas.


Al fin y al cabo, las protagonistas de todas esas películas son muy humanas y todo lo heroico que llevan a cabo lo sacan de su propio ser: su valor, tenacidad, aspiraciones y sus principios. Esto lo tenemos todas y todas podemos ser grandes protagonistas de nuestras vidas mejorando como personas, un propósito que sería maravilloso que tuviéramos. Podemos dejar huella en los demás tirando de nuestro propio bagaje, aprendiendo de nuestros errores y, ante todo, siendo fieles a nosotras mismas.

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