lunes, 23 de agosto de 2010

Sin querer se va dejando atrás

Esta mañana me han dejado en casa a mis primos. Mi primo de 5 años y mi prima de 3 años. No se si se me dan demasiado bien los niños tan pequeños, pero mis padres no estaban en casa y me tenía que encargar de ellos. Mi primo se puso a jugar a la nintendo. Bien, uno menos al que distraer por el momento. Mi prima traía una muñeca y me miraba seria. Estaba cohibida por la timidez, la extrañeza de una casa en la que no había estado casi nunca y en la que no sabía si habría juguetes. ¡Qué gran desgracia para ella si no había juguetes!

En mi casa hay muchos juguetes, yo adoraba jugar a mil cosas de pequeña, y de no tan pequeña también. El problema era si había juguetes apropiados para una niña de su edad. Todo lo que se me ocurría o era demasiado abstracto, complejo o tenía piezas pequeñas. Al ver su muñeca me acordé de la que yo tenía. Perfecto, a jugar a las muñecas. Cuando mi prima se cansó, guardamos las muñecas y jugamos a un puzzle de animales. Lo resolvimos en menos de 10 minutos. Se me agotaban los recursos, la niña se cansaba muy rápido. Aburrida de jugar al proyector Mickey, me dijo:
- ¿Un cuento?
Los cuentos estaban en mi habitación.
- ¡Pero si esta es tu habitación!
- ¡Noo! Esta es la de Irene.
- ¿Y por qué no vamos a la tuya?
- Porque la mía no tiene juguetes.
- ¿Por qué no pones "algún"?
- Pueees... porque... porque no caben.
- ¿Dónde no caben?

Qué buena pregunta. Cuánto me ha hecho reflexionar. ¿Cómo que no caben los juguetes? Si yo quisiera tener juguetes cabrían perfectamente, les haría hueco. Quizá donde ya no caben es en mi tiempo, en mi vida.

- En la estantería.
Ella me miró confusa.
- ¿Ves? Esta es la estantería de Irene, tiene muchos juguetes. Pero mi estantería está llena de libros y ya no caben los juguetes.

La realidad se ha ido imponiendo con el tiempo en mis hábitos, en mi forma de pasar el tiempo libre y, por supuesto, ya no tengo tanto tiempo libre como cuando tenía su edad. Ahora gran parte de mi tiempo lo dedico a estudiar, es lo que toca, por eso la estantería está llena de libros, cuadernos, carpetas...
Los objetos de la infancia se van dejando atrás. Eso y la ropa. También es irrevocable el cambio físico y psicológico. Se deja de ser niña, el tiempo pasa inexorable. Sin embargo, es muy importante no olvidar esta etapa, quizá la más larga, de la vida de una persona. Como todas las demás etapas, la infancia es fundamental en el desarrollo de las personas. Debemos recordar nuestras vivencias infantiles. Es bueno acordarse de cómo pensábamos para entender cómo piensan los niños ahora. Hace años, yo pensaba: "Cuando sea mayor voy a entender perfectamente a los niños". Pero ahora he descubierto que no es tan fácil. Tiendo a aplicar mi lógica a su mundo y ahí es donde choca todo. Fantasear es algo que deberíamos hacer de vez en cuando, la imaginación sirve en cualquier momento de nuestras vidas. Por eso estar un rato con niños y niñas es tan revitalizante, porque nos devuelven cosas que habíamos olvidado y que son sin embargo importantes para nuestra felicidad: la alegría, la espontaneidad, la despreocupación...



¿Recuerdas ese momento en el patio a la hora del recreo cuando pasaba un avión rugiendo? Todo mirábamos al cielo y, viéramos o no el avión, le decíamos "¡Adiós!". No olvides esas cosas. Muchas de las personas que tienes a tu alrededor y que tienen que inclinar la cabeza para mirarte todavía las hacen.



:)


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